¡Volvemos a las cárceles!
Emprendemos una campaña de recolección de cámaras recicladas que tiene como objetivo un taller de video social para mujeres en situación de cárcel en México DF. Este taller se va a llevar a cabo en diciembre de este año gracias a una alianza de cineclubes colombo-mexicana con el Cineclub La Imagen Viajera (Colombia), el Cineclub Bravo (México) y El Grito Cineclub (México).
Las cámaras serán entregadas a las participantes del taller para que puedan continuar con sus procesos de creación audiovisual.
Es por este motivo que iniciamos un periodo de recogida de cámaras digitales compactas. Si tienes una cámara de 3 megapíxeles o más que pueda registrar video, con su cargador y su cable para descargar las imágenes y ya no haces uso de ella, ponte en contacto con nosotros a través de nuestro mail. Tenemos puntos de recogida en México DF, Barcelona (España) y Bogotá (Colombia).
Si quieres participar y hacer un reciclaje solidario de la tecnología, escríbenos!!!
¿TIENES GUARDADA UNA CÁMARA DE 3 MEGAPÍXELES O MÁS? ¿NO LA USAS?
¡Contribuye con tu donación! Ayúdanos a conseguir cámaras digitales compactas que ya no estén en uso, las cuales serán entregadas a mujeres en reclusión, acompañadas de un taller de video social.
Apoya el uso y la circulación solidaria de la tecnología.
Con tu colaboración intentaremos aportar a un mundo social y ambientalmente más justo.
Ayer, domingo 13 de septiembre, tuvimos una experiencia intercineclubista interesante, en la que nos juntamos El Grito Cineclub y El Cine Independiente -ambos del DF-, y Cinema Otokani -tan itinerante que no se sabe de dónde es- en el pueblo de San José Tepenené, Hidalgo. Se trató de la proyección del documental Tepenené, la historia contada por su gente (Siu Yin Zarco Luna, 2015, México, 107').
El documental fue realizado por una cineclubista de larga trayectoria, Siu Yin Zarco Luna, quien pasó los años de su primera juventud itinerando por los pueblos de México en su camioneta y cargando su equipo de proyección para ofrecer funciones de cine en todos los rincones que se encontraba a su paso. Su proyecto se llama desde entonces Cinema Otokani, que en náhuatl quiere decir caminante, y con el cual también ha visitado cárceles y escuelas. Por razones del destino y una voluntad incansable, Siu Yin se fue -con su esposo y su hijo- a vivir a un pueblo perdido en la zona de El Arenal, cerca de Pachuca, Hidalgo. El pueblo de raíces otomíes se conoce como San José Tepenené, pero oficialmente es el Ejido de Tepenené, sin el San José, que se le quedó pegado porque era el nombre de la hacienda que allí había.
Siu Yin encontró en este lugar una tierra fértil para su trabajo, para su vocación de educar y organizar. Inmediatamente instaló su cineclub en la pequeña biblioteca a la entrada del pueblo, en donde fue reuniendo a los niños de la comunidad, y a algunos padres de familia y maestros de la escuela 20 de Noviembre. Su labor culminó con este documental que descubre la historia del pueblo a través de una serie de entrevistas hechas por niños de 1º de primaria y sus visitas a los lugares emblemáticos de Tepenené. Ahora nos tocó a las cineclubistas del Distrito Federal hacer el viaje hasta allá, como Siu Yin aún suele hacer, portando el espíritu del viajero cineclubista.
El documental es una importante labor de rescate de la memoria histórica de Tepenené, y dio sorpresas a algunos de los lugareños, "Esta fue una lección de historia", comentó el encargado de las fiestas patrias 2015, pero el comentario que mejor ilustra esto es el que hizo la señora Mati, amiga cercana de la autora del filme, que no sabía que su mamá habla la lengua otomí, y lo descubrió en una escena en la que la señora aparece enseñando palabras a los niños y cantando una canción de su infancia -bellamente entonada- que cuenta sobre los vaivenes del corazón de una muchacha del campo. "Voy a tener que ir a hablar seriamente con mi mamá", dijo Mati con grandes ojos de sorpresa y una sonrisa enorme, "¡Nunca me había dicho, nunca nos enseñó ni una palabra!"
Lo triste es que Siu Yin y su familia no pudieron asistir, porque su espíritu viajero los tiene ahora fuera de México, y poca gente se enteró de la función. Tal vez se puede repetir la función en la biblioteca, donde Siu organizaba su cineclub y que fue la primera institución educativa del pueblo, para que todos puedan acudir a ver este documental, que fue hecho con ellos y para ellos, que rescata su historia, y que es también un homenaje a la comunidad.
Aún así, asistieron alrededor de 25 personas, varios de los cuales eran niños que también estudian en la escuela 20 de noviembre. En el documental se cuenta que antes no había una escuela ahí, y que los niños tenían que recorrer una larga distancia para acudir a estudiar. Después de la revolución, cuando la tierra se repartió como ejido, los pobladores construyeron con adobes un salón, en donde hoy está la biblioteca, y lo nombraron Casa Escuela. "Había una maestra en ese entonces", cuenta un abuelo en la pantalla, "que se levantaba muy temprano para hacer atole de arroz, atole de avena, para darles a los niños de desayunar." Cuando se abrió aquella escuelita, el terreno tenía una parcela grande donde la gente sembró fruta, "Había higos, uvas, manzanas peras..."
En este documental, cuyo propósito es esencialmente educativo, se pueden aprender muchas de las plantas medicinales de la región, el nombre de todos los cerros que circundan el pueblo -Los Frailes y Las Monjas, entre otros-, el proceso para extraer el aguamiel, palabras en otomí, la participación de los bisabuelos en la Revolución, canciones tradicionales, cómo trabajaban las parteras, los mineros, cómo se hace barbacoa de hoyo, qué comían los antepasados, cómo se vestían, cuáles eran sus juguetes, cómo hacer tabiques, cómo hacer una resortera, y muchos temas más que construyen la riqueza cultural de Tepenené, que significa "según dicen, niño de roca."
Ya entrada la noche nos volvimos a nuestra ciudad. La noche nos perdonó la lluvia y el camino despejado nos trajo aprisa pero sin prisa, comentando la aventura de la tarde.
Les compartimos aquí el documental completo:
Tepenené, la historia contada por su gente
Bienvenidos sus comentarios a esta entrada. ¡A seguir gritando!
¡Ya tenemos oficinas en Miami!
Esperen pronto la reapertura de nuestro espacio en Pandeo, la nueva casa que compartimos con otros colectivos culturales y artistas. Pronto anunciaremos la cartelera de proyecciones.
Estamos en Miami 27, col. Nápoles, atrás del antes Hotel de México, ahora WTC.
Los invitamos esta tarde a una plática sobre el impacto de la cultura en la reinserción social. Participaremos al lado de otros colectivos culturales.
En este evento se fusionan conversaciones sobre emprendimientos sociales para promover y hacer accesibles los negocios sociales a todas las personas a través de la cultura.
Sobre reinserción social, además de ver el documental Chasing Bonnie & Clyde (Thomas Salva and Olivier Lambert, EUA, 2014), conversaremos con el fundador de Cauce Ciudadano y con el grupo juvenil de rap Rango Jaguar.
Entrada libre, cupo limitado.
Se pueden registrar aquí:
Microcine, el nuevo proyecto de El Grito Cineclub, se inauguró el 20 de septiembre en la Feria Internacional de Expresiones Culturales Iztapalapa 2014, evento organizado por la incubadora Reinventa, AC y la Delegación Iztapalapa, y tuvo un gran éxito entre el público, que empezó por asomarse con rostros curiosos y acabó por hacer cola para entrar a esta nueva cápsula del tiempo.
En esta minúscula pero grande salita de cine hubo quienes entraron a descansar un rato del ruido y la agitación del lugar, quienes lo hicieron para matar el tiempo antes de una cita, o porque les pareció una buena curiosidad al escuchar el sonido que salía de aquella extraña casetita, y quienes entraron con el entusiasmo natural del cinéfilo, pero todos, todos los que entraron salieron satisfechos y transformados de ahí.
Los más entusiastas fueron los niños, con excepción de uno al que le dio miedo. Algunos jalaban a sus renuentes padres, que los dejaban entrar y los esperaban afuera, otros se metieron junto con sus madres o padres igual de sonrientes que ellos, pero todos los niños querían entrar, y sus ojos brillantes delataban esa fascinación por las experiencias nuevas que los caracteriza. Hubo algunos reincidentes que volvieron todos los días que duró la feria, y algunos esperaban desde temprano a que llegara la marchanta (o sea yo) a abrir el changarro. Algunos de los más asiduos fueron los hijos de unos tiangueros que tenían puesto en la feria, y un niño escapado de la escuela, o de su casa, que andaba siempre abrazando su balón y que regresó después con tres de sus amigos. Estos niños estuvieron revoloteando alrededor del Microcine todos los días, esperando cada oportunidad de volver a entrar, estudiando cuidadosamente a todos los que entraban y salían de ahí, y preguntando todo lo que podían, lo cual también ayudó a aumentar la curiosidad de todos por ver qué pasaba ahí adentro. Acabaron ayudándome a abrir y cerrar la cortina, y a recomendar las películas que les habían gustado más: Hasta los huesos, de René Castillo, y Desierto, de Christian Rivera, además de algunos otros cortometrajes extranjeros de animación. Les encantaba el hecho de que adentro del Microcine no se escuchara lo que pasaba afuera en la feria, sino que se podían abstraer en la experiencia del cine.
¿Qué es el Microcine?
Se trata de una reducción total de la sala de cine que sin embargo conserva todas sus características fundamentales: la comodidad, el aislamiento del exterior, la intimidad, el sonido, la imagen en la oscuridad y la magia. En forma de caseta, esta cápsula del tiempo construida casi en su totalidad con materiales de reutilización, alberga en su interior hasta cuatro personas que pueden disfrutar de una experiencia cinematográfica completa en un espacio y tiempo muy reducidos.
El Microcine puede montarse fácilmente en cualquier espacio, en cualquier rincón. Sus dimensiones de 2 metros de largo por uno de ancho se diseñaron para caber en cualquier mercado o tianguis como un puesto más. Puede instalarse en plazas, escuelas, esquinas, camellones, patios, pasillos, vestíbulos, y cualquier sitio público o privado en el que haya flujo de personas, sin romper la armonía ni invadir el ambiente del lugar, sino que convive perfectamente con cada espacio al contener la experiencia en su interior. Pueden instalarse también varias casetas que proyecten en distintos sitios simultáneamente. Su formato de programación de películas breves resulta perfecto para un ambiente en el que el flujo de gente es agitado y veloz, por lo que las personas que pasan por ahí pueden acceder a la experiencia cinematográfica sin perder casi nada de su tiempo.
Especializado en la exhibición de cortometrajes, el nuevo Microcine resulta ideal para apreciar este formato específico de películas, pues ofrece a cada cortometraje un espacio único de apreciación, respetando su unidad como película completa, sin tener que incluirla en proyecciones largas que encadenan muchos cortometrajes uno detrás del otro. En el Microcine, el espectador puede elegir lo que prefiera ver de una muestra de títulos diversos, o bien hacer caso de las recomendaciones del cácaro, y puede entrar cuantas veces quiera a ver distintas películas. La programación del Microcine puede adecuarse al espacio, al público y al contexto en el que se instale, por lo que tiene la capacidad de apoyar programas educativos, de capacitación y, por supuesto, de promoción y formación cultural a través de temas diversos: educación ambiental, prevención del delito y la violencia, días conmemorativos, géneros cinematográficos, etcétera, etcétera.
A través del Microcine se pueden organizar convocatorias que alienten a los realizadores profesionales, así como estudiantes y autodidactas, a realizar cortometrajes con temas y consignas específicas, lo cual invita también a que se produzcan obras con temas actuales, necesarios, pertinentes, ayudando a los realizadores a encontrar nuevos temas, y a conectarse e investigar sobre cuestiones de interés público, ayudando a crear materiales diversos, interesantes, nuevos y conectados con la sociedad y con el planeta.
Los esperamos para ofrecerles una gran experiencia en nuestro nuevo Microcine dentro de la Feria Internacional de Expresiones Culturales Iztapalapa 2014.
Vengan a ver un cortometraje al Microcine El Grito, y a conocer más sobre nuestro trabajo.
Seguimos proyectando en cárceles del Distrito Federal.
Les compartimos un artículo sobre nuestra actividad que salió en el número 6 de Luneta, Gaceta Cineclubista del Centro Histórico de México, excelente publicación editada por Gabriel Rodríguez y los Jinetes Sampleadores de Imágenes que reúne información útil e interesante para el cineclubista. ¡A seguir gritando!
El Grito: Cineclubismo Penitenciario
por Lila Nieto
En noviembre de 2012 nació El Grito, un proyecto piloto de cineclub itinerante en tres centros penitenciarios de la ciudad de México, en donde se promocionó cine mexicano durante un año completo con un estímulo del Instituto Mexicano de Cinematografía y a través de un acuerdo con la Subsecretaría del Sistema Penitenciario del DF. El proyecto tuvo tan buenos resultados que el objetivo se extiende ahora a los diez centros penitenciarios que hay en la ciudad, con miras a coordinar una red. Potencialmente, el movimiento de cineclubismo penitenciario podría ser nacional, y mundial.
Si en algún lugar tiene sentido organizar a un público y operar una red de cineclubes, es en el interior de los centros penitenciarios. Es desde la base, desde el fondo, que se impulsan los grandes proyectos, las transformaciones culturales, desde el fondo hacia la superficie, de abajo hacia arriba, de adentro hacia afuera.
Si para alguien tiene valor sentir la libertad que transmite la experiencia cinematográfica, es para quien conoce el encierro. Y si para algún cineclubista tiene sentido emprender la odisea de organizar un cineclub, es en donde está el público, un público ávido, creativo, interesante, diverso y numeroso. El público penitenciario no sólo dio sentido para emprender un cineclub, sino muchos.
La cárcel para un cineclubista es tierra fértil, un lugar en donde la gente ya lo está esperando, en donde a veces llegan en banda, a trote, en donde el cineclubista nunca tendrá que cancelar una función por encontrar la sala vacía, en donde la organización del público es una necesidad manifiesta desde el principio, algo que naturalmente sucede nomás llegar, un lugar en el que mirar los sueños de la humanidad recobra su calidad mitológica. No es lo mismo ver Los olvidados para unos que para otros, recorrer la historia de Los ladrones viejos, emprender el gran viaje de La guerra del fuego, volver a casa en busca de Pueblerina.
Y el hecho, aunque suene a broma ácida, de que el público penitenciario esté literalmente cautivo, potencia la importancia social del cineclub, de la apreciación del cine mundial, de la organización y formación del público, del diálogo colectivo. Entonces el cineclubismo penitenciario tiene dos grandes brazos, dos columnas vertebrales que corren paralelas e inseparables: la actividad cineclubista, y la labor social.
Igual que el tiempo en un presidio, la experiencia cinematográfica es un estado de excepción. En la cárcel más que en casi cualquier otro lugar, y digo casi porque no deseo desvirtuar la asfixia de nadie, el cineclub reivindica cabalmente su condición de cápsula del tiempo, y si la cápsula despega, el cineclubismo puede convertirse en una plataforma para la reinserción social.